Comentarios a la Palabra – Fr. Vicente

LA MEJOR PARTE ES EL DIOS DE JESÚS

Algunas veces comentando este evangelio se ha tendido a hacer un equilibrio entre la contemplación y la acción como si fuera intentar encajar dos cosas distintas a compatibilizar. No es así, no podemos poner en el mismo plano acción y contemplación Cristo no lo hace en el Evangelio y es que no es así. No se pueden poner al mismo nivel. De hecho no puede haber acción de apostolado, de transmisión del Reino, de hacer el bien , sin una verdadera contemplación.

Por contemplación debemos entender la actitud de centrarons y abrirnos al Dios de Jesucristo, el que es la resurrección y la vida, el que es el origen de todo bien. No puede haber bien sin él. Habrá muchas vías de contemplación pero sin abrirnos al que es origen de todo bien no se puede hacer verdadero bien. Por eso primero es el encuentro con Dios y posteriormente la ascesis, el apostolado, la solidaridad. Marta no se  hubiera puesto a servir si previamente no hubiera acogido la presencia de Jesús como un bien para ella y su familia. Sin embargo a Marta le pasa como tantas veces nos está pasando socialmente, una vez pasamos a la acción nos olvidamos el origen. Damos por supuesto la fuente del bien y nos olvidamos de ella como si fuéramos nosotros el origen. Esto es el activismo que tanto nos está perjudicando. Se trata de pensar que se puede educar en valores sin aquel del que proceden los valores. Se trata de fomentar la cooperación olvidándonos de aquel sin el cual no sería posible que la vida y el bien con el que colaboramos tenga la última palabra.

         Tras el activismo, nos damos cuenta de la necesidad de la contemplación. Aquí aparecen espiritualidades desconectadas de la acción. Nuestra acción es cotizada por los poderes de este mundo que prefieren pensar ellos y hagamos su voluntad primero que la de Dios. Sin embargo la voluntad de Dios es nuestro beneficio y el de todos. El suyo es un falso beneficio para ellos y un vacío para todos, incluido a ellos. Por eso las espiritualidades, lejanas, no exigentes de compromiso de acción y de vida nos tientan, pero no pueden colmar nuestra sed de espiritualidad.

         En realidad es el mismo Cristo quien puede colmar nuestra sed de vida y felicidad plenas y eternas. Por eso es él el que inspira las buenas obras y nos lleva a trabajar por mejorar como personas y mejorar el mundo. Por eso María había escogido la mejor parte porque escogió una contemplación que le impulsaba a hacer el bien. Por eso nosotros estamos llamados a esta misma contemplación.

         Que el Dios del bien nos conceda una contemplación comprometida con Él y con su reino de paz, justicia y amor.

HAZ EL BIEN Y NO MIRES A QUIEN

En el evangelio de hoy, Cristo nos presenta a un samaritano, esto es un Israelita que había renegado a lo más sagrado que tenían como pueblo Israel, su templo. Esto suponía también renunciar a la manera de relacionarse con Dios como lo hacía el resto de Israel en el templo de Jerusalén. Incluso, implicaba, cambiar el concepto de Dios que tenía Israel, pues Israel se había ido haciendo un concepto de Yahvé, según su experiencia cultica y de sacramentos con él, y por tanto en los últimos tiempos pasaba por el templo. En definitiva pasaba a ser un renegado y un enemigo de Israel. No obstante, este renegado y enemigo de Israel, supo ver al hermano necesitado, al prójimo y le hizo el bien sin importarle de quien se trataba.


Así en esta gran parábola Cristo nos da dos claves para discernir al Dios del Reino de Vida, al Dios del amor en nuestro mundo:
En primer lugar se dio cuenta de que más allá de culturas, religiones, lugares en la persona había un hijo del mismo Dios. Por tanto llamado a la misma vida de Dios a la que estamos llamados todos. Se sintió llamado a la fraternidad universal y sabía que el prójimo maltratado también lo estaba. No obstante no lo intentó homogenizar ni trasladar tanto física como intelectualmente. Lo deja en la posada y ayuda al posadero para que lo atienda. Por tanto creo que vale la pena diferenciar esa fraternidad universal y sentirse verdaderamente próximo, con un estilo de “ayuda” que lleva a la deportación, al desarraigo y que no resulta respetuoso con la diversidad cultural. La fraternidad Universal del Reino de Dios no es la globalización, como no es la utopía marxista. El Reino de Dios es paz, justicia y amor universales, que no quita nada nuestra identidad, como personas y como colectivos de la tierra, nos arraiga y no nos desarraiga. Además el Reino de Dios armoniza perfectamente el bien personal, el de los colectivos y el universal y no sacrifica ninguno de sus aspectos sino que los perfecciona. Evidentemente estamos en camino y nos queda mucho que recorrer.


Por otra parte con esta Parábola Cristo nos enseña como cualquier bien que se da en el mundo proviene de Él. Las obras buenas provienen siempre del verbo de Dios que las realiza por medio de nosotros y son acogidas y comprendidas por el mismo espíritu santo que mora en nosotros. Esta presencia del Verbo de Dios más allá de la cultura de cristiandad la nombró San Ireneo como la teoría del Verbo espermático. La presencia de Dios en todo Bien, venga de donde venga resulta fundamental para comprender al Dios de Jesús y la Universalidad de la llamada a la resurrección y la vida plena.


Que el Dios de Cristo nos conceda sentirnos hermanos de todos, actuar como tales y descubrir a Dios en toda obra buena, venga de quien venga.

ANTE DIOS NO SIRVEN NUESTRAS CUENTAS


Es cierto que nuestra vocación al amor se traduce en vocación de servicio. Además nuestro servicio es tal cuando lo intentamos llevar a cabo en nuestro quehacer y no queda solo en un espiritualismo o en una entelequia. Por eso transmitir el evangelio supone también curar, educar, asistir, consolar, proteger y un largo etcétera.


No obstante, hay un riesgo claro cuando se intenta “profesionalizar” la transmisión del Evangelio. En este sentido nos olvidamos que estamos ante el desarrollo de nuestra vocación y de una consecuencia directa de vivir la buena noticia de la resurrección de Cristo, nuestra esperanza y la presencia del Dios del amor. En otros textos, el mismo cristo habla de las malas consecuencias que tiene cuando el pastor, es un “asalariado”, esto es no lo vive por cuenta propia y teniendo en cuenta su propia vocación a la felicidad. Es curioso que muchas vivencias de las llamadas “seculares” de la “solidaridad”, justamente implican de por sí el ser un asalariado. Se habla de un voluntariado solidario, pero no se implica en él la vocación a la vida y la felicidad plenas y totales. Al fina detrás de esta solidaridad hay intereses no últimos de la persona y no terminan ayudando al reino de paz, justicia y amor verdaderos que son el reino de Dios. Por otra parte, cuando viene “el lobo”, es decir las verdaderas tentaciones y dificultades no se aguanta y se sucumbe a otros poderes humanos que no son liberadores a pesar de que lo parecían.


Otra tentación es calibrar las obras de apostolados por criterios de eficiencia humana. Como hemos dicho muchas veces los frutos del amor, los frutos de la vida plena son silenciosos y no son reductibles a nuestros criterios de eficiencia. Lo importante, lo definitivo es nuestra vocación al amor, nuestra vocación a la vida, nuestra vocación al encuentro con Dios. Es esta misma vocación la que nos aúna de verdad con toda la humanidad. Es esta vocación la que nos hace caminar hacia la fraternidad, y también la vida y la felicidad.


Que el Señor de la vida y la esperanza nos haga tener los ojos y el corazón en su Reino de paz, de justicia y de amor al que estamos llamados todos.