800 AÑOS

Los dominicos de Barcelona celebramos este pasado 6 de octubre los 800 años de nuestro convento de Santa Catalina, Virgen y Mártir, con una Eucaristía por la mañana concelebrada por nuestro Provincial, Fr. Jesús Díaz, Fr. José Luís Ruiz, socio del Provincial, y los frailes de nuestra comunidad. La celebración reunió a la familia dominicana de Catalunya, frailes, hermanas y seglares dominicos. El Provincial nos dirigió la palabra en una interesante homilía que ofrecemos a continuación.

Estimados hermanos, estimadas hermanas,

            Gracias por estar aquí y por celebrar con nosotros, hermanos de la Orden de Predicadores, 800 años de este convento de ‘Santa Catalina, Virgen y Mártir. Un saludo entrañable a todos vosotros, hermanos concelebrantes, a los miembros de la Fraternidad Laical de Santo Domingo, a otros laicos comprometidos pertenecientes a otros grupos afines a las dominicas y a los dominicos; a las religiosas dominicas pertenecientes a varias Congregaciones muy presentes en Cataluña: Dominicas de la Anunciata; Dominicas de la Enseñanza (Jarauta); Dominicas de la Presentación; Hermanitas del Cordero. Cómo no a nuestras queridas hermanas contemplativas.

            No podríamos entender la presencia de la Orden de Predicadores en Cataluña sin las religiosas dominicas y sin los laicos dominicos. Tampoco podríamos comprender del todo la presencia de la Orden en España sin conocer su relevancia en estas tierras catalanas. Por esta razón estoy muy contento de estar aquí y de compartir con vosotros este acontecimiento. Quiero deciros, con gratitud, que os queremos; valoramos vuestra tierra, vuestra cultura, vuestra historia. Este aprecio por vosotros nos ayuda y estimula en el presente a seguir siendo fieles a Domingo de Guzmán y a la predicación del Evangelio como él lo quiso hacer desde su profunda espiritualidad.

Hemos querido celebrar en esta Eucaristía 800 años de la fundación de este convento, llamado de Santa Catalina, Virgen y Mártir. Hemos querido hacerlo uniendo a esta efeméride la celebración de la fiesta de Nuestra Señora, bajo la advocación del Rosario. Una fiesta dominicana muy importante que, según el calendario litúrgico, tendrá lugar mañana. El Rosario, su rezo, conmemora los misterios de la vida de Cristo y de la Virgen. En su recitado vamos pasando por los momentos más importantes de la vida, reconociendo el gozo y el dolor; buscando la luz que ilumine nuestro horizonte y nuestro futuro; apoyándonos en la gloriosa esperanza de lo prometido. Cada uno de nosotros, de una manera o de otra, vivimos momentos de gozo, de dolor en algunas ocasiones, de claridad y de luz, de esperanza. Es nuestra vida. Es la vida de nuestro Señor y es la vida de su madre, la Virgen. ¡Mirad! También es la vida de nuestras familias, de los conventos y comunidades religiosas. 800 años de un convento es un tiempo más que suficiente para experimentar las experiencias de la vida que se describen en los misterios del Rosario.  ¿Por qué no pensarlo también así?

            En la primera lectura, el profeta Zacarías nos decía, podemos intuir,con gran entusiasmo: ‘grita de gozo y alégrate, hija de Sión, mira que yo vengo a morar dentro de ti’. Quiero expresamente recordar estas palabras del profeta, porque hoy es un día de gozo y de alegría, porque la presencia de Dios ha morado en este convento durante 800 años. ¡Acaso no es está también una experiencia personal y familiar! Cuando percibimos en nuestra vida la presencia de Dios estamos contentos. Nos volvemos más alegres. Recuperamos vitalidad y gracia. Nos percibimos más esperanzados. ¡Pues bien! Para los frailes predicadores hoy es un día de gozo y de alegría al celebrar 8 siglos de nuestra historia en este convento por muchas razones, pero sobre todo por una: ‘porque Dios ha morado en él’.

Muchos han sido, sin duda alguna, los avatares de una historia de 800 años, ha habido momentos de gozo, de dolor, de luz y, porque no también de ‘gloria’. En todos estos momentos ‘Dios ha morado en este convento’, en sus frailes más allá de sus valores y de sus límites. En cualquier caso, podemos afirmar que el Convento, sus frailes, a lo largo de esta larga historia engendraron una vitalidad evangélica que ha perdurado hasta el día de hoy. Fue un convento erigido en los primeros años de la fundación de la Orden de Predicadores, en vida de santo Domingo, en el contexto medieval de Barcelona. En este contexto espiritual y cultural, no podía sino irradiar con fuerza la vitalidad de la predicación. Hoy damos gracias a Dios por ello. Santos, misioneros, profesores universitarios, predicadores han pasado a lo largo de la historia por este convento. Este es nuestro gozo y ésta es nuestra alegría.

            Pero, ¿Qué conlleva el gozo y la alegría de percibir que Dios mora en nosotros y entre nosotros? Respondemos a esta pregunta desde una experiencia de fe porque ésta ha sido la experiencia de los Apóstoles. En la segunda lectura lo hemos escuchado: todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús, y con sus hermanos. Un modo de expresar la cercanía de Dios en sus vidas y en su comunidad de fe, una comunidad orante.  Decir que Dios mora en nosotros es reconocer su presencia, es poner en valor su gracia; es constatar que existen valores transcendentes que van más allá de nuestras limitaciones y de nuestras circunstancias. Es, sobre todo, una relación personal, íntima, única. ¿Quién no desearía vivir esta experiencia? Si Dios mora en ti, en nosotros, nos tiene en cuenta, apuesta por nosotros, confía en nosotros. Nos dignifica y ensalza. Somos importantes para Él. Esto es una gracia. Una suerte. Una experiencia valiosa para vivir y para contar.

Reconocer la presencia de Dios en nuestra vida es, en definitiva, ser capaces de orientar nuestra historia, de interpretarla y de quererla. Los dominicos queremos y apreciamos nuestro pasado. Si no fuera así no podríamos comprometernos del todo con el presente ni poner en valor el futuro que está por llegar. Pero nuestro pasado es importante para nosotros porque tiene ‘rostros’, ‘nombres’, ‘personas’, ‘voces concretas que han predicado la Palabra de Dios’, que han expresado sus convicciones de fe, que han transmitido el Evangelio a las generaciones de hombres y mujeres de los que han sido sus coetáneos.

            Los historiadores nos dicen que este convento fue un gran Centro de Evangelización, con gran influencia social y cultural en toda Cataluña, y más allá de Cataluña, hasta el siglo XIX. Por circunstancias de la historia el siglo XX supone otra fase diferente para nosotros, frailes predicadores, en esta ciudad. En la historia tan rica de este convento podemos decir que ‘Dios ha morado entre nosotros’ y lo ha hecho a través de muchos frailes y demás miembros de la Familia Dominicana cuando fueron capaces de entregar su vida por el Reino y de prestar su voz a la Palabra.

            El cronista de este convento, según nos relatan los historiadores, comenzaba sus obras acudiendo a la Sagrada Escritura para decir que ‘quien deambula entre tinieblas desconoce a donde va’.  El diálogo que el ángel tiene con María en el evangelio de Lucas que hemos escuchado, el Evangelio de la Anunciación a María, constatamos esta experiencia: se ilumina un futuro, el futuro de María como madre del Salvador, y María -superando su propio desconcierto- atisba hacia dónde ir, va descubriendo la voluntad de Dios en su vida. Sus planes y sus proyectos. María tuvo que vencer, para ello, el temor: ‘no temas María porque has encontrado gracia ante Dios’.

            La misión principal de cada predicador dominico, de cada uno de sus conventos a lo largo de la historia no es otra que ‘buscar en todo momento la voluntad de Dios’. Dios se percibe tan presente en la vida de los que creen en Él que nos ofrece su voluntad para ser descubierta en nuestra oración, en la liturgia comunitaria de las horas, en el estudio, en la vida fraterna, en la misión concreta que desempeñamos. Benedicto XVI nos ofrecía en un texto precioso precisamente esto: el amor más sublime entre dos partes, entre dos personas o más tiene lugar cuando se da una fisión de voluntad.

            En el Evangelio de Lucas no podríamos comprender el sí de María sino es en la comunión de su voluntad con la voluntad de Dios. El sí de este convento durante 800 años, superando todo tipo de dificultades y de limitaciones, predicó el encuentro de Dios con el hombre, con cada generación, la comunión de voluntad. Cuando lo logró, el convento ejerció su mejor evangelización.

            Esto es lo que fundamentalmente celebramos hoy, día de la Virgen del Rosario. ¡Que la Virgen, bajo la advocación del Rosario, os bendiga! Bendiga a vuestras familias, bendiga vuestras buenas obras y haga fructificar en vosotros una comunión de voluntad. Este es el testimonio que queremos seguir transmitiendo como frailes predicadores desde este convento y desde todos los conventos de la Orden. ¡Qué así sea!