Amigos de san Martín de Porres

Eucaristía del primer martes de més: 5 de septiembre.

Espacio de reflexión sobre San Martín de Porres

SAN MARTÍN, VERDADERO ORANTE – Parte I

Decir que San Martín oraba, es afirmar que lo vivía. La oración, la intimidad con Dios era su vida. La oración es conciencia de estar en relación con alguien.

San  Martín  estaba  en  comunicación   permanente con Dios. Su vida era Jesucristo y la comunión con Él era el estilo de su vida. Uno es grande en la  medida  que  se acerca a Dios y vive en Él.

Al contemplar la oración de San Martín comprendemos cómo Dios enriquece la personalidad del orante. En la oración, como intimidad, el Espíritu da la certeza de que el orante es alguien para Dios. Ya que en el que ora está presente el mismo Dios, se hace su confidente, depositario de sus secretos. Por eso vemos a San Martín como poseedor de una sabiduría profunda, que es un don divino.

Para entender la oración de San Martín debemos adentrarnos en su corazón: lugar Santo, templo de Dios en el que Dios mismo se  hizo familiar. Se hizo experiencia  en él lo dicho por el Señor: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra  y mi Padre le amará y vendremos a Él y haremos nuestra morada en Él» (Jn. 14, 23).

Con seguridad que San Martín realizó el deseo  de Jesús de ser elegido para ser santo e inmaculado en la presencia de Dios en el amor (Efesios  1,4).  Así entendemos algo de su interior, disponible para todo, no apocado, sino alegre, a pesar de las pruebas sufridas, porque Dios no saca del mundo, pero sí libra de su seducción y poder.

«AMIGOS  DE  FRAY MARTIN  DE PORRES».

Diciembre de 2009, nQ 503, página 04